domingo, 26 de julio de 2015

¿Brujas?



Inexplicablemente, en Cuba en pleno siglo XXI hay quienes creen en brujas o hablan de vivencias  propias o  de sus antecesores sobre hechos “tangibles”, “concretos” o “totalmente ciertos”.
Estas manifestaciones oscurantistas propias de pueblos iletrados no deben tener cabida en  una sociedad que ha gastado millones en la educación de sus hijos desde antes y  después, en 1961,  cuando erradicó el analfabetismo en un grandiosa epopeya que tuvo sus propios  mártires y recordemos a Conrado Benítez,  Manuel Ascunce, Delfín San Cedré aunque estos no fueron los únicos.
Las brujas criollas han sufrido el escarnio, como sucedió en tipos idos a las de  otras latitudes, sus “pactos con el diablo“ obedecen a hechos casuales que el vulgo identificó, casi siempre injutificadamente, con ese tipo de la llamada magia negra.
Cerca de casa, aquí en el barrio San Juan en Bayamo, una señora fea con ojos inyectados y mirada malévola se ganó la fama porque deseó a una vecina que la matara un cáncer, en efecto sucedió  así y la notoriedad creció hasta que una nueva vecina, 30 años después, le acomodó un ladrillo en la cabeza y acabó con su halo  de maldad, aunque no murió entonces.
Ella vivía  al fondo de mi casa y una noche que la vieja buscaba una  gallina con un farol sobre un limonero, los chamacos de la cuadra la vimos horrible,  “su gloria” creció a la par de nuestro miedo y nos escondíamos amedrentados para espiar sus vuelos pero, nada.
Otra historia  la cuenta un señor de Palmarito, en Buey Arriba, quien afirma que una vecina suya,   también con fama de hechicera, estaba en ese barrio él salió primero hacia el poblado de Bueycito y al llegar la señora, que rebasa los 100 años lo esperaba fresquecita en el portal de su casona de madera…"¡ vino volando!", …"¡ vino volando!", se dijo y lo repitió a todo quien quisiera oírlo, incluso muchos atribuyen la longevidad de la dama a sus malas artes.
Por razones obvias no revelo los nombres de las culpadas de brujería.
Las brujas criollas han sido modestas, más del entorno familiar y más numerosas en los campos de Cuba, mis abuelos narraban que una bella  mujer, aprovechando la hospitalidad proverbial de los campos de Cuba, durmió con una familia, a la madrugada  siguiente, dejó la cama llena de heces y pretendió salir volando, pero los dueños de la casa, alertados por rastros en sus manos y la noticia de un bebé desangrado, la derribaron con semillas de mostaza que según contaban, obligaban a las brujas a recogerlas, sin poder irse hasta terminar.
Desafortunadamente hay personas que aún viven en la Edad Media, no sé si  por la falta de educación,   de autoestima,   de inteligencia, pero no aterrizan en  que vivimos en el siglo XXI y que la ciencia puede explicar muchas cosas y si aun no las explica lo hará algún día.
Según revelan muchas fuentes los juicios por brujería de otras latitudes, por ejemplo en  Salem, fueron una serie de audiencias locales, posteriormente seguidas por procesos judiciales formales, llevados a cabo por las autoridades con el objetivo de procesar y después, en caso de culpabilidad, castigar “delitos de brujería” en los condados de Essex, Suffolk, y Middlesex (Massachusetts), entre febrero de 1692 y mayo de 1693.
Las mismas fuentes advierten que este acontecimiento ha sido usado retóricamente en la política y la literatura popular como una advertencia real sobre los peligros del extremismo religioso, acusaciones falsas, fallos en el proceso y la intromisión gubernamental en las libertades individuales.
El extremo  es que en la noche de los tiempos se clasificaron incluso las 13 brujas más famosas de la historia.
Son muchas las leyendas acerca de estas mujeres. Algunas fueron quemadas, tal vez injustamente, por una sociedad que les temía, al ser capaces de cosas inexplicables para su época, como saber leer, escribir o conocer los poderes de las plantas medicinales.
Hoy la cuestión es diferente, ya los viejos no atemorizan a los chicos con estas historias, sino que padres, maestros y  realizadores de audiovisuales se afanan en derrotar la ignorancia, solo relegada a reminiscencias de un pasado oscuro que la luz de la ciencia va dejando atrás.

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