domingo, 13 de febrero de 2011

¿Quién despedirá mi duelo?

Vengo de una familia de personas longevas y de acuerdo con eso dentro de dos décadas podré sobrepasar los 80 años y aunque esta es una cuestión que muchos consideran superflua, ¿quién despedirá mi duelo? Esto es una incógnita y posibilidad que se me antoja remota.

Sí, porque ese personaje de literatura pero también de la cotidianidad, aún sobrevive en nuestros pueblos y ciudades, pero va escaseando con el peligro de desaparecer en años futuros.

Y no hago referencia al devenir de los próceres, mujeres y hombres que ya tienen un lugar reservado en la memoria colectiva pues además, siempre habrá algún cronista o letrado en general que reseñe su luminoso paso por la vida.

Me refiero al hombre común, a ese cuyo tránsito terrenal acaso no tenga nada de notoriedad pero es recordado en su ámbito íntimo y es la muerte con su sello sagrado la única que a veces lo deja trascender entre los asistentes a su funeral, amén de unos cuantos curiosos que nunca faltan en ellos.

Tampoco me refiero a ese orador que en complicidad con la Parca convierte en buenos a todos los mortales aunque hayan sido verdadero Panchos Tiratiros, ni a a esos de palabra hueca y frases manidas plagados de lugares comunes.

No, aludo a quienes haciendo filigranas con la palabra resaltan las virtudes de quienes lo merecen, destacando sus obras en la sociedad humana, pues se niegan de plano a decir mentiras, indico a aquellos que hacen de cada una de estas difíciles alocuciones sucesos de creación y sensibilidad desbordantes.

Recalco el peligro de extinción porque los más jóvenes incluso personas preparadas ven al despedidor de duelos como una especie museable…. Nada más alejado de la verdad.

Por eso pienso o que de aquí a dos décadas -mi propia expectativa de vida- solo habrá familiares que den las gracias y de paso y soslayen nuestras modestas obras.

1 comentario :

DAVID dijo...

Si no tienes inconveniente alguno podrias designarme para esa tarea, al fin y al cabo desde la escuela primaria andamos dando tumbos por la vida.