lunes, 30 de noviembre de 2009

Paco Pila



Foto Luis Carlos Palacios

La primera vez que me vi frente a frente con el personaje fue un mediodía del ya lejano 1992 y lo primero que hizo fue hablarme de un arquitrabe de madera que en la entonces calle de General García, la principal arteria de Bayamo, se había salvado de la tea gloriosa del 12 de enero de 1869.

Vino con la vehemencia del historiador empírico, pero más aún con el apasionamiento de un enamorado de la saga patriótica de la cuna de la nacionalidad cubana, de la ciudad numantina, de Bayamo y hablamos durante horas sin importarle mi invitación al magro almuerzo dominguero de período especial.

Solo aceptó una taza de café mezclado que casi me despreció pues “no se parecía a la tinta que su vieja le preparaba cada mañana”.

La segunda vez lo visité en su casa, cosa de un mes después, él esperaba una entrevista y yo con mi vieja grabadora casi hecha dos pedazos llegué a la casona apuntalada contra la acera por dos maderos formidables.

Solo sabía que le decían Paco, un chiquillo que me vio con el aparato en la mano fue muy explícito.

-¿Busca a Paco Pila? él es un bárbaro con esos equipos, pero llámelo duro que la casa es larga.

Toqué con una piedra sobre la madera durísima, de las que ya no se usan, y salió el viejito peinando su melena canosa.

Quise congraciarme pero esta vez la lógica y demasiada ingenuidad, me jugaron una terrible pasada, con todo el cariño de que soy capaz solté la infeliz expresión.

-¡Mi amigo Francisco Batería!

-¿?

-¡Como le dicen Paco Pila! –dije encogiéndome de hombros

-¡Esa es la gente malintencionada!... pero la explicación puso paz entre nosotros: “Como era estudiante pobre yo mismo hacia mis baterías con zinc, cobre y ácido sulfúrico ¡y para que no le pase otra vez mi nombre es Antonio Dioselis Jerez Mayor!”.

De su capacidad como técnico puede hablar el hecho de que remendó la grabadora que apenas se le veían las “costuras” y a la media hora de salir de allí ya estaba yo editando una entrevista acerca de la historia patria que haría palidecer de envidia a cualquier estudioso.

El primer libro Estampas de Bayamo, de José Carbonell Alard, que cayó en mis manos lleva en ¡su última página! una cariñosa y singular dedicatoria que me atestiguaba su estima y respeto, por toda firma: Paco.

El propio autor de esas viñetas de nuestra patria chica, un entrañable amigo de Paco, no entendía por qué se molestaba tanto con el mote si fue el propio pueblo quien lo bautizó.

Hace años que ya Paco no está entre nosotros y quedó solo en el proyecto una caminata que planeáramos juntos: Andar Bayamo, un remedo de lo que hace el historiador de La Habana, doctor Eusebio Leal, al recorrer explicando las particularidades de la capital del país.

Sin embargo lugareños y visitantes podemos admirar los rasgos nobles, enérgicos y un poco pícaros de Paco Pila que atraparon para la posteridad el padre y los hermanos Barrios en el museo de cera que está precisamente en un sitio que hollara a diario con sus plantas el historiador incansable de Bayamo: el paseo General García.

1 comentario :

gdscks dijo...

compadre;
usted esta en cueros en quimica.
con zinc, cobre y acido sulfurico usted no logra una bateria mas nunca en la vida.
ah, yo creia que a bayamo lo habian quemado los patriotas manzanilleros...