domingo, 27 de mayo de 2012

Respeto y nobleza para propios y ajenos

Sin ser un fanático (adjetivo desterrado durante muchos años del vocabulario de la afición cubana al deporte) me considero un aficionado al pasatiempo nacional no ahora que el deporte mueve multitudes, sino desde el propio pitén de barrio. Sí, me refiero a la pelota manigüera que practicábamos en cualquier solar yermo o en las grandes explanadas, cuando aún aquí en Bayamo, la ciudad Monumento Nacional, no existían edificios altos o, cuando nos lo permitían en un campo junto al puente elevado que “sobrevolaba” la línea férrea y que hace años quedó limitado por la edificación de dos centros educacionales. Recuerdo que en los frentes de mi casa había una superficie algo amplia y allí jugábamos los guan tu trís con solo tres bases y que al caer tres innings era un problema porque muchos no aceptábamos “los trili” cuando llegaba el tercer out. Para ese entonces solo había en Cuba cuatro equipos de béisbol, tres de ellos de la capital: Marianao, Habana y Almendares (Con una A inicial sospechosamente parecida a la actual I de Industriales) y solo uno del interior: Cienfuegos. De ellos salía una selección, Los Cuban Sugar Kings que en su momento iban a jugar a las llamadas grandes ligas. Después, vino la democratización del deporte y con ellos surgieron equipos que ostentaban en sus camisetas los nombres de respectivas regiones Oriente y Occidente aunque se crearon segundos equipos con denominaciones a partir de un renglón económico importante de cada uno de los territorios. Surgirían así Vegueros (Pinar del Río), Industriales (Habana), Henequeneros, (Matanzas) Azucareros (Las Villas), Granjeros (Camagüey) y Mineros (Oriente). En todo momento y sobre todo después del años 59 han existido atletas respetuosos, con caballerosidad deportiva, corteses con sus contrarios, como sucede ahora… Pero desde hace un tiempo a esta parte vengo observando poses que no tienen nada que ver con esto y que a las claras dicen: “Yo soy el que soy y conmigo hay que fastidiarse”… Es lamentable que al final de un partido un pitcher o bateador, se dé golpes de pecho en actitud a veces explícitamente simiesca, tan alejada del deporte fraterno ente cubanos. Lo deploro porque jamás quisiera ver aquí remedar a deportistas de “afuera” quienes montan un show publicitario para denigrar a su contrario y muchas veces son apabullados y se tiran la plancha. En contraposición, los mentores de todos nuestros equipos son modelos al hablar de sus propios equipos y de sus oponentes, verdaderos modelos a imitar por todos los atletas, pero además deben asumir su papel de maestros no solo en las jugadas y en el aspecto técnico táctico, sino también en las relaciones con colegas y público. El júbilo ante el triunfo es legítimo, e incluso necesario pero debe asumirse con sencillez, con humildad, que a la larga es la madre de la grandeza.

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